Muchas han sido las reflexiones que giran en torno a la hermenéutica. Incontables autores han trabajado con sus letras con el fin de esclarecer el problema de la interpretación. Quienquiera que haya posado alguna vez sus ojos frente a una obra ajena, ha buscado descifrar su significado, pues en ella se da un encuentro entre particularidades, individualidades con objetivos divergentes y experiencias que, posiblemente, jamás podrán cruzarse. 

De invertir la situación ocurriría lo mismo, pues cuando intentamos expresar lo que sentimos, lo que pensamos, lo que necesitamos, se abre la posibilidad de que el otro no logre acertar en su comprensión de nuestras palabras. Cuando una persona trata de mostrar su experiencia y comunicarla a otro, suele presentarse el problema hermenéutico. Este problema brilla por su vigencia y se fortalece en su insolubilidad. 

Entre la gran diversidad de autores que se apostaron por dar cuenta de esta circunstancia, Gadamer, por su parte, realiza su propuesta. En la postura gameriana basaré el esbozo de mi explicación con respecto al problema en cuestión. Por las anteriores razones, el presente texto tiene como objetivo mostrar al lenguaje como medio de manifestación de las diversas esferas de la experiencia. Dicho fenómeno presta posibilidad de ser a la hermenéutica como problema universal. 

La importancia del tema radica en que brinda la posibilidad de dar cuenta de la manera en la que comprendemos a los otros y de cómo los otros nos comprenden. La reflexión de este tema permitirá divisar cómo es posible que logremos expresar nuestra experiencia a partir del lenguaje y cómo logramos comprender la experiencia ajena.

Para lograr concretar mi objetivo, me basaré principalmente en la obra Verdad y método II, de Gadamer, específicamente en el apartado titulado La universalidad del problema hermenéutico. El procedimiento a seguir es el siguiente: primero, explicaré brevemente la importancia del prejuicio en la constitución del ser humano y su papel en el círculo de la comprensión; en segundo lugar, mostraré cómo el lenguaje permite la manifestación de la experiencia y sus diversas esferas; finalmente, expondré la manera en la que la expresión de las diversas esferas de la experiencia a través del lenguaje abre la posibilidad de la hermenéutica como problema universal.   

El prejuicio como construcción del ser humano
y su papel en el círculo de la comprensión

Comenzaré mi exposición recuperando la siguiente afirmación de Gadamer, que dice a la letra: “la historia está presente, y lo está a la luz de este tiempo futuro” (1998: 217). Con esta propuesta, el autor abre el paso a la conciencia histórica en su máxima plenitud. Se hace eco, junto con la conciencia estética, en la consolidación del círculo de la comprensión. 

 Para comprender lo que Gadamer quiere decir con ‘círculo de la comprensión’, es necesario recurrir a la conciencia histórica, pues enmarca nuestra forma de ver el mundo, nuestra forma de vivir el entorno en el que habitamos. Considero que la presencia de la historia se hace patente en la manera en la que presta luz a nuestros ojos cuando los posamos en las letras de nuestros antepasados, el hoy es el futuro del ayer. 

La conciencia histórica es el hecho de aceptar mi lugar en el hoy, el cual es efecto de múltiples experiencias anteriores a mí. Es aceptar que recorro el camino de quienes lo recorrieron con anterioridad a mí. Lo que yo digo hoy, fue dicho ayer por algún otro, en otro contexto, hacia otras personas. Quien tiene conciencia histórica, convive el pasado desde el presente. Es entonces cuando toma sentido la siguiente afirmación: “no son tanto nuestros juicios como nuestros prejuicios los que constituyen nuestro ser” (1998: 217). 

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El prejuicio forma parte de la conciencia histórica, la única diferencia es que el prejuicio es, las más de las veces, inconsciente. Este no se reduce a la merma de las palabras anteriormente evocadas, pues representa los significados que las palabras proferidas antes de mí adquieren con el paso del tiempo. Dichas palabras hacen eco en mi entorno. Me poseen y me atrapan, no puedo liberarme del significado adquirido debido a que, de desecharlo, las palabras quedarían vacías. 

El prejuicio, no deposita su peso únicamente en la manera en la que damos significado a nuestras palabras, muestra su poder en la medida en que escuchamos, leemos y damos cabida a la expresión de los otros. El significado de las palabras se da en una ida y una vuelta. La ida es la expresión de mis palabras hacia otro, la vuelta es cómo entiendo la expresión de las palabras de otro.  

La constitución de nuestro ser, según Gadamer, se da gracias al prejuicio. Es innegable que el ser humano nace en un entorno, se desarrolla escuchando las palabras de otro, aprendiendo los significados de otro. Cada palabra trae detrás el uso que se le ha dado desde el inicio de su existencia, como afirmaría Wittgenstein: “el trabajo del filósofo es compilar recuerdos para una finalidad determinada” (Investigaciones, 127).

El círculo de la comprensión se da a partir del prejuicio, pues yo uso las palabras como he aprendido a usarlas. Las palabras, para mí, tienen el significado que le han dado las personas de mi entorno; lo mismo ocurre para ti, pues tus palabras acarrean significados que le han dado las personas que habitan en tu entorno. Imagina dos entornos diferentes en tiempos iguales. Ambos entornos difieren en el significado en sus palabras, pues el uso que se les ha dado ha sido distinto a través de su historia. Ahora bien, imagina dos entornos diferentes en tiempos diferentes: es aquí cuando el problema se agrava. 

El prejuicio juega un papel importante en el círculo de la comprensión, cada vez que leemos un texto o escuchamos una palabra, nuestra interpretación se renueva. Comprendemos de manera ‘nueva’, pues nuestra experiencia va cambiando conforme pasa el tiempo. No comprendo a Platón hoy de la misma manera en la que lo comprendía hace tres años; no comprenderé a Aristóteles dentro de tres años de la misma manera en la que lo comprendo hoy en día.  

Las diversas esferas de
la experiencia: el lenguaje
como medio de expresión

En su artículo Europa y la «oikoumene», ubicado en El giro hermenéutico, Gadamer da cuenta de la manera en la que la particularidad de los pueblos se concreta en la universalidad. Esto se da a partir de la unión de características individuales de cada uno de los entornos, de cada una de las oikos en las cuales habitamos. Llegados a este punto, se vuelve patente el papel del prejuicio y el círculo de la comprensión. Además de no compartir idiomas, tanto el francés como yo no compartimos entornos, habitamos composiciones diferentes: nuestro “mundo de la vida” (Gadamer, 1998: 222) es completamente asimétrico.

Este fenómeno es entendido por Gadamer como “las esferas de la experiencia”, que se da incluso entre dos sujetos individuales. “El lenguaje es lenguaje real cuando se trata del lenguaje realmente hablado entre dos interlocutores” (Gadamer, 1998: 223). Cada persona expresa su experiencia con base en las palabras que adquiere con el paso del tiempo, gracias a su entorno y su historia. Entornos distintos implican significados distintos, y por lo tanto divergencias en la forma en la que expresan su experiencia. A pesar de que dos individuos experimenten lo mismo, su forma de expresarlo será diferente: las esferas de la experiencia se expresan por medio del lenguaje. 

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En resumen, considero que es necesario ubicar dos vertientes: una espacial y una temporal, ambas unidas, a su vez, por el prejuicio. Con respecto a la vertiente temporal tenemos a la conciencia histórica, que implica una forma de ver el mundo con base en el prejuicio. Esta forma de ver el mundo se renueva constantemente; cada vez que se atiende a la obra se comprende algo nuevo, en esto consiste el círculo de la comprensión. 

Por otro lado, tenemos la vertiente espacial, compuesta por las múltiples esferas de la experiencia. Cada entorno, entendido como oikos, se conforma de contextos diferentes y experiencias diferentes. En este sentido, cada habitante del entorno expresará, a través del lenguaje, su propia concepción del mundo. Gadamer es puntual al respecto: “al parecer, cada comunidad lingüística cuida con la puesta en práctica de la lengua su propia visión del mundo” (1998: 223). 

En conjunción de las vertientes que consideré anteriormente, la espacial y la temporal, afirmo que el medio por el cual se hace manifiesta la esfera de la experiencia es el lenguaje. Esta esfera de la experiencia se manifiesta en su individualidad, y es el trabajo del hermeneuta encontrar la universalidad de la expresión de la experiencia. 

A través del lenguaje, el hombre permite a su experiencia manifestarse según su entorno, su oikos, que apela tanto al espacio como al tiempo; con ayuda del círculo de la comprensión y del prejuicio (influido directamente por la tradición) logra realizar un comparativo de su experiencia individual con la experiencia de otros. Gadamer propone: “el principio supremo de toda hermenéutica filosófica es, y así me la imagino (y por eso es una filosofía hermenéutica), que nunca podemos decir completamente lo que en realidad hemos querido decir” (1998: 227). 

La hermenéutica como problema
universal a partir del lenguaje 

En La universalidad del problema hermenéutico, Gadamer realiza un comparativo de la ciencia con la hermenéutica. No me esforzaré demasiado en esclarecer esta diferenciación, ya que no es el tema central de mi escrito. Sin embargo, es necesario exponerlo someramente: la ciencia permite al hombre el intercambio de las esferas de la experiencia (1998: 220). 

Mientras que la ciencia bloquea el lenguaje por medio de la formalización, la hermenéutica representa la ‘vida del mundo’. Muestra el dinamismo del lenguaje en su máxima diversidad, manifiesto a través de las diversas esferas de la experiencia y la conciencia histórica. Por esta razón, el prejuicio tiene gran peso en nuestra forma de asimilar el mundo. 

Mientras que la ciencia se esmera en la aprehensión de conceptos, la hermenéutica pretende la fusión de horizontes. Esta es una idea equivalente a ver el pasado desde el presente a partir del prejuicio y el círculo de la comprensión. Se busca la novedad posterior a mi primera vista hacia la obra. En palabras de Gadamer: 

Es siempre un mundo que ya se ha interpretado a sí mismo, un mundo ya cohesionado en sus relaciones, en el cual entra la experiencia como algo nuevo que trastoca lo que había guiado nuestras expectativas, y que al trastocarse se reordena de nuevo

(Gadamer, 1998: 221). 

Es entonces cuando Gadamer propone la universalidad del problema hermenéutico, afirmando que “así debe darse la pretensión de universalidad que corresponde a la pretensión hermenéutica. La comprensión va ligada al lenguaje” (1998: 223). Para el alemán, la universalidad del problema hermenéutico nace a partir de la comprensión de las esferas de la experiencia ajenas, de mi irrupción en la oikos del otro y en la irrupción del otro en mi oikos: la universalidad del problema hermenéutico se da a partir de mi intento por comprender la experiencia de otros expresada por medio del lenguaje: “

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La auténtica coordinación de los seres humanos se produce como resultado de ser de cada cual una especie de círculo lingüístico y de que estos círculos se tocan y se amalgaman constantemente […], lo que así se realiza es siempre el lenguaje […]. Tal es la dimensión fundamental de lo hermenéutico. (Gadamer, 1998: 224). 

En este sentido, de no ser por la posibilidad del lenguaje, el hombre no podría buscar la comprensión de otras esferas de la experiencia, ni de forma histórica ni de forma espacial, con sus contemporáneos. Gracias al lenguaje se nos da la posibilidad de expresión de nuestra propia experiencia, comunicarla y de que se nos comunique la experiencia ajena. La universalidad se da en la unión de las múltiples particularidades. Ahí radica el problema hermenéutico. 

Conclusión

A través de mi escrito recorrí el siguiente camino: primero, el prejuicio es constituyente de la forma del ser del hombre, a partir de él se da el círculo de la comprensión dentro de la conciencia histórica. El círculo de la comprensión me permite dar una nueva visión a la obra gracias al prejuicio, lo que propicia una novedad en mis interpretaciones. Esto, por el lado temporal. 

En segundo lugar, muestro la vertiente espacial, que abarca las diversas esferas de la experiencia y su manifestación a través del lenguaje. Yo, habitante de un entorno, un oikos, me enfrento con los otros, que no habitan ni mi entorno ni mi oikos. Ambos poseemos experiencias completamente diferentes y, con base en el prejuicio y la tradición, nuestras palabras han adquirido significados distintos. 

A partir de nuestro lenguaje particularizado, expresamos nuestra esfera de la experiencia. Yo expreso mi experiencia con base en mi propia visión del mundo. El otro le expresa su experiencia con base en su propia visión del mundo. El problema se da al momento de que el otro intenta comprenderme y yo intento comprender al otro. 

Finalmente, esta particularidad nacida a partir de las múltiples esferas de la experiencia logra consolidar su universalidad gracias al lenguaje: este es la posibilidad de una hermenéutica, le da su condición de problema universal. Su universalidad radica en la conjunción de las particularidades de la experiencia, en su posibilidad de comprender lo ajeno. El lenguaje es la posibilidad de la hermenéutica, y se da a partir de las diversas esferas de la experiencia, que se manifiestan por medio de nuestras palabras, influidas por la tradición, el prejuicio y la conciencia histórica.

Notas

[1] Gadamer, Hans-Georg. (1998). Verdad y Método II. (Trad. Manuel Olasagasti). Salamanca: Sígueme. 

[2] Gadamer, Hans-Georg. (1998). El giro hermenéutico. (Trad. Arturo Parada). Madrid: Cátedra-Teorema. 

[3] Heidegger, Martin. (1971). El ser y el tiempo. (Trad. José Gaos). México: Fondo de Cultura Económica. 

[4] Schleiermacher, Friedrich. (2014). Sobre los diferentes métodos de traducir. Edición bilingüe (Trad. Valentín García Yebra). Madrid: Gredos. 

[5] Wittgenstein, Ludwig. (2017). Investigaciones Filosóficas. Edición Bilingüe. (Trad. Margarita M. Valdés & J. Alberto Barrañón C.). México: Universidad Nacional Autónoma de México-Instituto de Investigaciones Filosóficas. 

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